¿Su hijo llegó a la adolescencia?, consejos para que se gocen esta etapa en familia
Familia

¿Su hijo llegó a la adolescencia?, consejos para que se gocen esta etapa en familia

Junio 27, 2018 - 06:08 p.m. Por:
Kelly García Cruz | Reportera de El País
La adolescencia, una dura etapa

i Stock / El País

Mentir, ocultar sus preferencias sexuales, fumar, mezclar bebidas alcohólicas, probar drogas sintéticas como la cocaína de colores o el poper y escuchar los géneros musicales de moda como el trap o la guaracha, con contenidos que incitan a la violencia y al sexo, son algunas conductas comunes en los jóvenes de hoy con los que buscan sentirse mayores y llamar la atención.

Mariana (*) es un claro ejemplo de ello. Tiene 15 años y cada que puede se escapa los fines de semana para ir a discotecas, usando contraseñas falsas. De vez en cuando, también pide permiso para ir a hacer tareas a casa de sus compañeros, pero lo que ignoran sus padres es que esas reuniones esconden otro fin.

La adolescencia, la etapa que ella está viviendo, puede resultar bastante difícil, incluso en las mejores circunstancias. “De acuerdo con el consenso médico, suele empezar entre los 10 y 11 años para las mujeres y entre los 11 y 13 años para los hombres, para finalizar en ambos casos hacia los 20”, explica Diego Fernando Correa, médico especialista en PNL y Coach.

Al respecto, la psicóloga Lizeth López Cobo, Coach profesional de Esencia de Crucigrama & Coaching, manifiesta que cuando llega la adolescencia los cambios de comportamiento se caracterizan por picos altos y bajos en los estados de ánimo y dificultad para regular las emociones. Ni ellos mismos pueden describir lo que sienten; algunos adoptan actitudes de defensa, contra ataque, gritos, negación, mentiras y otros un silencio tenso, sumidos en la intelectualidad.

Estos comportamientos están fundamentados en el desarrollo de su cerebro, el cual empieza a eliminar conexiones, que vienen desde la infancia y que ya no le están sirviendo para entender su experiencia de vida.

Javier y Mónica (*), los padres de Mariana trabajan todo el día, por lo que ella suele estar sola después del colegio. Gracias a una llamada que recibieron por parte de la madre de una compañera de su hija decidieron revisarle el celular y las redes sociales y descubrieron que su única hija estaba consumiendo drogas y alcohol.

Este hecho suscitó una discusión en la que ambos se culpaban, se sentían confundidos, enfadados y con muchas dudas sobre la crianza y su rol como padres. Se preguntaban: “si trabajamos tan duro para que ella lo tenga todo, ¿qué hicimos mal?”

Como ellos existen muchos padres que no saben cómo manejar este tipo de situaciones, lo que se agudiza porque ambos suelen ser progenitores que trabajan o son familias separadas donde la madre es la que lleva el peso de la crianza. “En estos casos se ha hecho un desplazamiento de la autoridad del padre hacia la madre, lo que resulta en un ambiente complejo donde se debe reprender y castigar, pero al mismo tiempo dar ternura, amor y comprensión”, expone Correa.

Lo que también ocurre según algunos profesionales es que los padres han perdido autoridad. Al respecto, María Lucía Vargas Lozada, psicoterapeuta especialista en familia de la Universidad Javeriana, comenta que “hay padres más preocupados por caerle bien a sus hijos, por que los validen antes sus amigos como los padres ‘chéveres’, por complacerlos y no generarles frustración. Porque es mejor esto que ejercer su rol de padres que orientan, educan, y acompañan”, explica.
A algunos les aterra incluso generar desagrado en sus hijos y la única manera que encuentran de combatir esto es darles gusto en todo.

Por su parte, López, opina que la primera postura que deben asumir los padres es verlos desde que nacen como seres 100% completos, capaces de lidiar con su propia vida. “Se diferencian de nosotros por su edad y la experiencia emocional que cada uno va percibiendo sobre su vida.

Además, hay que reconocer que tienen y sienten las mismas emociones nuestras y que también se les dificulta autoregularlas y entenderlas; pensar así es el inicio para crear un vínculo emocional con ellos, dejándolos en un mismo nivel y evitando levantar defensas y barreras en la comunicación”, comenta la profesional.

Igualmente, recomienda tener presente que para los adolescentes no existe la crítica constructiva. “Debemos empezar a comunicarnos de forma diferente con ellos. Cualquier interacción en donde se les corrige un comportamiento se les convierte en: “no soy aprobado”, “todo lo que hago es malo”, “no confías en mí”, “eso es obvio”, “ya lo sé”, “a mí no me va a pasar”, “¿crees que soy capaz de eso?”, “nunca me crees”, “siempre que te cuento, me juzgas” y otras respuestas que en el fondo solo quieren decir “tengo miedo, soy vulnerable, acompáñame”.

“Ante estas respuestas muchas veces la comunicación queda bloqueada y los padres recurren a varias conductas a las que he llamado pasar: pasar ese momento de emociones incómodas (rabia, miedo, tristeza) que son particulares de cada uno y que hacen perder la importancia de verificar el fondo de la situación, lo profundo del sentimiento presente y el sustrato de la emoción que lleva al adolescente a comportarse de esa manera, saliendo sin permiso, fumando, tomando alcohol o consumiendo drogas”, comenta López.

De ahí la importancia de mantener la comunicación con los hijos.
Según Vargas, “hay que conocer a sus amigos, no complacerlos en todo, enseñarles que también hay adversidades, que no todo es felicidad, que las cosas se ganan, que hay que ser agradecido, que la vida tiene dos lados uno luminoso y otro doloroso, que hay cosas buenas y malas y que en cualquier momento se va a encontrar con una de ellas. Y sobre todo, que la red de apoyo más segura que tiene es la familia”.

Los adolescentes experimentan el deseo de ser adultos para ser libres y poder hacer todo lo que quieran, sin la supervisión de alguien mayor y sin rendirle cuentas a nadie.

Los errores más comunes que cometen los padres con sus hijos adolescentes son: no ponerles límites claros, solucionarles todas las dificultades, decirles sí a todo y no entregarles ninguna responsabilidad.

Una causa natural

A muchos padres se les dificulta comprender ciertos comportamientos de sus hijos adolescentes.

Es por eso que el especialista Diego Correa asegura que para poder intentar entender lo que ocurre hay que buscar en la neurofisiología los cambios que se desarrollan al interior del cerebro en esta etapa.

“Varios estudios en adolescentes muestran una extensa remodelación del cerebro en esta etapa. Por esta razón, podemos apreciar en este transcurso de maduración del cerebro, situaciones de aprendizaje para las cuales los adolescentes apenas están empezando a dar sus primeras respuestas, lo que puede originar algo que denominamos como “torpeza neuronal”, que en esta etapa de la vida puede llevar a fallos que generan conductas como estupidez, precipitación, angustia, impulsividad, egoísmo e imprudencia incompetente, entendidas por nosotros los adultos como irritantes o desconcertantes”, precisa.

Así mismo, advierte que muchas veces los padres juzgan en sus hijos su gusto por las emociones fuertes. “Pero la búsqueda de estas emociones en la adolescencia no es impulsiva; es solo el reflejo de una apertura hacia lo nuevo, que en algún momento lo conducirá a experiencias más útiles para su vida. Esto sin hablar de lo que en la adolescencia alcanza su pico máximo, que es la propensión a correr riesgos, pues no se trata de la ausencia de reconocimiento del peligro, sino del valor que les puede generar la recompensa”.

Según el profesional, “no hay afán de querer tener 18 años, sino tan solo la posibilidad de generar sus propias vivencias, las cuales le darán experiencia, permitirán forjar su carácter y dar las mejores respuestas posibles ajustadas dentro de un contexto”.

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