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Junio 13, 2018 - 11:30 p.m. Por: Gonzalo Gallo

Hace días se vendió por 70 millones de dólares el auto más costoso del mundo, un Ferrari 250 GTO. Sólo existen 33 de esos.

Salió al mercado en 1963, ya es el coche más caro del mundo y, según los que saben, el más bello de todos los tiempos.

En su momento, un GTO cero kilómetros costaba unos US$ 18.000 en los Estados Unidos.

Releo la cifra “70 millones de dólares” por un auto, y mi mente se queda viendo estrellitas o nubecitas sin comprender nada.

Todo es tan relativo y subjetivo. Para algunos debe ser maravilloso y para otros incomprensible o alocado; un desvarío.

Ante una cifra como esa es legítimo pensar en las prioridades de los humanos y en el valor que dan a los objetos.

En su época Óscar Wilde, tan agudo en sus comentarios, hablaba de los que “conocen el precio de todo y el valor de nada”.

Ojalá el estadounidense que lo compró valore miles de millones más su vida, su paz interior y el amor de los que tiene al lado.

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